Recordó que en la última conferencia del tratado internacional de cambio climático, celebrada en noviembre en Sudáfrica, Brasil propuso un acuerdo de reducción de emisiones que incluya a todos los países y que sea obligatorio, a diferencia del pacto actual que es opcional para los países en desarrollo.
"Lo que está en juego no es sólo el futuro de Brasil, sino de toda la humanidad", aseguró Rousseff en su columna semanal, en la que responde preguntas de lectores de los diarios inscritos para publicarla.
Destacó como una de las principales acciones la erradicación de la deforestación ilegal, que en la Amazonia llegó en 2011 al nivel más bajo de los últimos 22 años, con 6.200 kilómetros cuadrados de destrucción de bosque.
Citó el programa Agricultura de Bajo Carbono, en el que agricultores reciben incentivos para adoptar sistemas de producción sustentables y medios para recuperar áreas degradadas.
"Hemos trabajado también para mantener nuestras fuentes de energía como las más limpias del planeta", comentó Rousseff al recordar que la mayor parte de la matriz energética brasileña utiliza fuentes renovables.
La gobernante mencionó también que en la conferencia de 2009 sobre cambio climático, celebrada en Copenhague, Brasil se comprometió a reducir en entre 36% y 39% las emisiones proyectadas hasta 2020 y que tal meta fue convertida en ley.